Para contrarrestar la densa niebla de las malas noticias, pestes, dengues, aumentos de gas y la misma patética calesita interminable. Desinformémonos
Como antídoto a tanta información, como un respiro fresco y limpio después de una larga inmersión. Con la paz de cuando algo ya no duele o sale el sol luego de una mala noche. Cinco cosas simples para por fin, pensar en otra cosa.1) Poesía de Pablo Neruda. El TigreSoy el tigre. Te acecho entre las hojas
anchas como lingotes
de mineral mojado.
El río blanco crece
bajo la niebla. Llegas.
Desnuda te sumerges.
Espero.
Entonces en un salto
de fuego, sangre, dientes,
de un zarpazo derribo
tu pecho, tus caderas.
Bebo tu sangre, rompo
tus miembros uno a uno.
Y me quedo velando
por años en la selva
tus huesos, tu ceniza,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil en la lluvia,
centinela implacable
de mi amor asesino.
2) Los ojos más tristes y hermosos de mundo.
(Camille Claudel) 1884
3) Una carta de amor. Carta de Juan Rulfo a Clara Aparicio.Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a nosotros, se oye.
Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba.
Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua.
Clara: corazón, rosa, amor...
Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña.
Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida.
Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad esclarecida.
Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara.
No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba.
Y un corazón que sabe y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada.
¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara?
He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada.
Lo han aprendido ya el árbol y la tarde...
y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo murmura el río...
Clara:
Hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre.
4) Una receta rica.Estofado de ternera
El estofado es un plato de caldero antiguo como el viento. El caldero permite que un grupo familiar coma del mismo. Por eso las preparaciones por lo general son abundantes. El pot au feu, los cocidos y pucheros son primos hermanos de los estofados.
Ingredientes:
• 1 kilo de falda de ternera
• 4 papas
• 2 cebollas
• 2 zanahorias
• 3 tomates maduros
• 4 dientes de ajo
• ½ litro de caldo de cubito de carne
• 2 vasos de vino
• 4 cdas. de aceite de maíz
• ¼ de ramito de tomillo
• ¼ de ramito de romero
• 3 cdtas. de sal
• 1 cdta. de pimienta
Preparación:
1 Limpia y corta la ternera en cubos. Dórala en una olla a fuego bajo con manteca, aceite, sal y pimienta. Retira.
2 Rehoga los ajos, las cebollas y las zanahorias. Agrega la carne, el tomillo, el romero, el laurel y saltea 2 minutos. Incorpora el vino tinto, el tomate triturado y deja que la salsa se cocine a fuego bajo.
3 Mientras habrás hervido las papas enteras unos 10 min. Retíralas a medio hacer, pélalas y ponlas cubeteadas en la olla junto con la carne.
4 Agrega el caldo y deja cocinar unos 40 min. (aprox.), hasta que la carne y las papas estén tiernas. El líquido debe reducirse.
Servir con un buen vino con
cuerpo.
5) Una imagen de mi infancia. (Aquí va la imagen que usted quiera. Yo elegí esta)
Monos locosMe declaro absolutamente re-podrido de información, hastiado, saturado, sobre informado, intoxicado de las mismas pésimas noticias servidas de mil diferentes patéticas maneras.
La noticia como artículo de venta, es un veneno. La información como objeto de comercialización es una dosis de cianuro diaria y dista horrores de ser la mínima necesaria para la vida en sociedad o la toma de decisiones.
También, y no me hago el distraído, me declaro parte de ese engranaje que nos hace perder de vista lo importante y lo esencial.
Fundamentalmente con la entrada en escena de Internet, las fuentes de información se multiplicaron como el “bendito” virus de la gripe A, cuya cinematográfica evolución nos ha dañado más que el virus mismo.
No estamos vacunados contra la mala información. Contra la sarta de replicadores y amplificadores de las más variadas pelotudeces que andan dando vueltas por ahí.
Como a miembros de un cardumen miedoso, nos hacen cambiar de rumbo y estado de ánimo rumores injustificados, chismes de vecinas o noticias chequeadas y bien fundamentadas. Todo da lo mismo en el eterno desbande del que parece, formamos parte. Una estampida mediática que nos atropella, nos revuelca y nadie sabe como comenzó.
El mismo asalto repetido cien veces con decenas de cámaras y las mismas lágrimas de cocodrilo del sufriente en cuestión nos hacen ir a poner la tranca de la puerta en Capital Federal o en el más recóndito pueblo del interior.
Todos opinamos de todo en la ensalada de los medios. Las vecinas anónimas se erigen en incuestionables jueces de escobillón que dictan sentencias inapelables sobre el horario de la recolección de la basura o las decisiones de Obama sobre el papel de los EEUU en el calentamiento global. Los funcionarios de turno tiemblan por los “famosos” mensajes de los oyentes y replican con obsecuentes mandados a mandar mensajes como el patético Aníbal Ibarra en las últimas elecciones. ¿Dónde está escrito que el oyente tiene siempre la razón? ¿Dónde se saca patente de opinador profesional y quién defiende a la gente de vecinos vociferantes que se anotan barcos hundidos si su mensaje sale al aire y escarmientan al vecino de enfrente que le arrojó la basura en su puerta?
A veces caemos en nuestra propia trampa y como monos locos corremos detrás del señuelo que nosotros mismos hemos arrojado.